Los Juegos de la Antigüedad
En un área llamada Altis, existía un santuario conocido como
Olimpia, lugar dedicado al culto a Zeus. Allí se practicaban
liturgias religiosas como oraciones, ofrendas y competiciones
deportivas.
El deporte nace como parte de la religión. Según la mitología, los
dioses competían entre sí. Zeus simboliza la perfección de espíritu
y cuerpo. Los griegos creían que llegaban a la inmortalidad al
ganar las competencias.
El culto a Zeus, atría peregrinos a Olimpia, desde los lugares más
apartados de Grecia, quienes ofrecían sacrificios, inmolándolos en
un gran pira.
El encendido del fuego de esta pira, se constituyó en un
privilegio muy codiciado, por lo que se estableció una carrera,
desde una determinada distancia, en que la meta era un sacerdote
con una antorcha en la mano, quien primero llegaba, adquiría el
derecho de iniciar el fuego.
Esta competencia ritual y de sentido religioso, dio lugar a la
carrera del estadio, primera prueba de los Juegos Olímpicos.
El primer registro histórico de una olimpíada, se realizó en el
año 776 a.C., siendo Corebos de Elide, vencedor en la carrera del
estadio y su nombre fue inscrito en mármol.
Estas competencias se desarrollaban en períodos de cada cuatro
años, a este período lo denominaban "Olimpiadas", el cual daba
inicio con el principio de los juegos y terminaba con el inicio de
los siguientes juegos; esta fue una medida de tiempo establecida
por los griegos que aún prevalece.
Para que los Juegos Olímpicos se pudieran celebrar en paz, con
antelación a la fecha de su desarrollo, se proclamaba la Tregua
Sagrada o Ekekcheiria, pacto internacional suscrito en el año 884
a.C. por los Reyes Licurgo (Esparta), Cleóstenes (Pisa) e Ifito
(Elida), bajo el cual toda actividad bélica era suspendida y el
territorio sagrado de Olimpia declarado inviolable, así como por
los viajeros o peregrinos que por el transitasen.
Los juegos tenían lugar durante el verano (Hemisferio Norte), en
el mes de Hecatombion, es decir julio o agosto. Los participantes
debían ser libres y de sangre griega y los esclavos y extranjeros
podían asistir pero sólo como espectadores. Se prohibía la
asistencia de mujeres bajo pena de muerte y se excluía a todos
aquellos que hubiesen cometido crímenes, sacrilegio o violado la
tregua. La única mujer presente en los juegos era la Gran
Sacerdotisa de Deméter, que era ubicada en su sitial frente al
espectáculo.
Los participantes debían comenzar su entrenamiento, por lo menos
diez meses antes y presentarse con un mes de anticipación al
comienzo de los juegos con la finalidad de someterse a dietas
especiales de alimentación, aprender las reglamentaciones de cada
prueba y ser evaluados por los Jueces -Hellanodicas- demostrando
que podían ser elegidos para competir.
Las Pruebas
Los primeros Juegos Antiguos consistían de una única prueba
llamada Estadio (Dromos), carrera pedestre de velocidad de 192, 27
metros. Más tarde se agregaron las carreras de doble estadio
(Diaulo): constaba de 384,5 metros y la Carrera Larga (Dólico):
consistía en recorrer 24 veces el estadio, o sea 4614,50
metros.
Luego se agrega la Lucha: enfrentamiento de dos o más
contendientes con técnicas similares a la que hoy se denomina
Greco-Romana, la de Pentatlón que era una prueba integral de cinco
disciplinas: salto sin impulso previo, lanzamiento de disco,
carrera de un estadio, lanzamiento de jabalina y lucha; luego se
agregan los eventos de pugilato y pancracio; también las
disciplinas hípicas que constaban de las carreras de caballos o
hipismo y las de carros que se dividían en biga (dos caballos),
cuadriga (4 caballos), apine (carro tirado por mulos) kalpe (en
carro y a pie). Esta disciplina permitía la participación indirecta
de mujeres, pues algunas de ellas eran dueñas de carros y
caballerías.
El premio de los vencedores era una simple y simbólica corona de
olivo salvaje, cuyos brotes eran solemnemente cortados del olivo
por un joven cuyos padres vivieran y se utilizaba para el corte un
cuchillo de oro.
Unos eraldos llamados espondóforos acompañados de una antorcha,
tenían la misión de anunciar a las ciudades y sus gentes en
general, que el año olímpico había comenzado y que la tregua o paz
sagrada había entrado en vigor.
Una victoria en Olimpia se convertía en un acontecimiento que
aseguraba honores, riqueza y prosperidad a los campeones. Con el
sometimiento de Grecia como Provincia del Imperio Romano en el año
146 a.C., se avecina la decadencia de los Juegos debido a la
utilización política e inadecuada de los mismos. Con la aparición
del Cristianismo, se produce en el mundo un profundo conflicto
religioso entre aquellos que eran politeístas como los griegos y
los romanos y los monoteístas, como los judios y cristianos.
Además, el profesionalismo exagerado y la avidez mercantilista,
hacen presa de los Juegos de Olimpia a comienzos del siglo IV a.C.,
generando casos de corrupción que son severamente castigados. Cerca
de ocho siglos más tarde, (en el año 392 d.C.) al convertirse
Teodosio I, Emperador de Roma, al Cristianismo, con el fin de
recibir el perdón de sus pecados, destruyó todo aquello que
representaba el antiguo mundo religioso, y prohibió la realización
de los Juegos en el año 392 d.C. por representar una manifestación
pagana.
A partir de ese momento, incendios, saqueos, terremotos e
inundaciones se cebaron con saña en el sagrado lugar, hasta llegar
a hacerlo desaparecer de la faz de la tierra.
Habría que esperar el lento transcurso de quince siglos para que
los arqueólogos, en sucesivas y pacientes campañas de excavación,
hicieran surgir de nuevo a la luz del sol, los escasos vestigios
arquitectónicos, elocuentes, mudos y mutilados testigos de la
gloria y grandeza multisecular de Olimpia.